Milagreros de Mauricio Toro Goya

Milagreros: devoción barroca contemporánea.

En la obra Milagreros, Mauricio Toro Goya se sumerge en el mundo de la religiosidad popular con una mirada irreverente, que constituye no sólo una postura política, sino también una lectura actualizada de arte barroco que revela la carga simbólica de las imágenes devocionales.

En una serie de diez ambrotipos realizados en Chile y México, el autor utiliza como recurso visual el exvoto, expresión plástica de carácter religioso que actúa por una parte como ofrenda a las divinidades en agradecimiento por los favores recibidos y, a su vez, es el testimonio gráfico de los milagros concedidos. Inspirado en los grandes maestros de la pintura barroca, Toro Goya cede protagonismo al color, iluminando a mano cada uno de los ambrotipos, e individualizando así cada elemento puesto en escena.

Las imágenes devocionales en la serie Milagreros alcanzan una especie de barroquismo delirante: prevalece en ellas una tensión entre los elementos estilísticos, en donde la valorización de la idea de desorden y caos, el predominio de lo laberíntico, la importancia del detalle, y la sobreabundancia de significantes se conjugan entre sí; el autor recurre a la parodia para cuestionar al modelo sociopolítico imperante en gran parte de Latinoamérica. Tal como señalara Severo Sarduy: “Ser barroco hoy significa amenazar, juzgar y parodiar la economía burguesa, basada en la administración tacaña de los bienes, en su centro y fundamento mismo: el espacio de los signos, el lenguaje, soporte simbólico de la sociedad, garantía de su funcionamiento, de su comunicación. Malgastar, dilapidar, derrochar lenguaje únicamente en función del placer… Subvertir el orden supuestamente normal de las cosas.”[1]

En contra de toda sobriedad, Mauricio Toro Goya inunda las escenas incorporando a la narración elementos diversos, con los que realiza un acto de sincretismo en el que la dinámica de transferencia y recepción cultural se actualiza. Cada retablo fotográfico rebosa intertextualidad, y se convierte, como definiera Julia Kristeva, en un mosaico de citas[2]: en cada uno de ellos abundan los fragmentos que se relacionan simbólicamente entre sí, práctica que construye significado, y que nos provee de una nueva aproximación al entendimiento. Es así como en una misma escena el motivo temático pone en conflicto la sexualidad juvenil y la pedofilia, al alero del Cristo Rey de los Cristeros. O como el conflicto de las fronteras se enlaza con el narcotráfico, la prostitución y la ilegalidad en el norte de Chile.

Estas representaciones votivas forman parte de un manifiesto que rechaza cualquier discurso oficial, y pone en tensión la devoción religiosa con respecto a la realidad latinoamericana: visibiliza la constante presencia del orden sobrenatural y su continua intervención en nuestras preocupaciones más mundanas. Mauricio Toro Goya juega el rol de intermediario entre las divinidades (los santos) y los penitentes, convirtiéndose en un ministro de fe que documenta milagros. Una puesta en escena artificiosa, que satiriza hasta el absurdo las problemáticas sociales, políticas y religiosas de Latinoamérica, un territorio mestizo que carga con sus propias contradicciones.

Andrea Aguad Ch.

Milagreros : Contemporary Baroque Devotion

In the work “Milagreros”, Mauricio Toro Goya dives into the world of popular religiosity with an irreverent glance , which is not only a political point of view, but also an updated reading of Baroque Art that reveals the symbolic load of the devotional images.

In a series of ten ambrotypes made in Chile and Mexico, the author uses as a visual resource “the exvote”, a plastic expression of religious features that acts on one side as an offering to the divinities, thanking for the favours received, and at the same time, it is the photographic witness of the miracles conceded. Inspired on the great masters of the Baroque painting, Toro Goya gives protagonism to color, shining by hand each one of the ambrotypes, and thus individualizing each element put on scene.

The devotional images in the series “Milagreros” reach a kind of delirious baroquism, prevailing in them a tension between the stylistic elements, in which the valuation of the disorder and chaos idea, the preminence of the labrynthine, the importance of the detail and the overabounding of significants get conjugated among them. the author appeals to parody in order to question the prevailing sociopolitical model in a great part of Latin America. As stated by Severo Sarduy : “To be a baroque today means to threaten, judge and parody the burgeois economy, based on the stinging administration of the goods, in its very center and foundation: The space of the signs, the language as the symbolic support of society, warrant of its functioning, of its communication. To mispend, to waste, to dilapidate language only for the purpose of pleasure. To subvert the supposed normal order of things.”1

Against all soberness, Mauricio Toro overflows the scenes, adding to narration different elements, with which he makes an act of sincretism in which the dynamics of transferring and cultural reception gets updated. Each photographic manger overflows intertextuality and turns into, as defined by Julia Kristeva, a mosaic of quotations2: in each of them abounds  the fragments  that are related symbolically among each other, apractice  which builds meaning and that provides us of a new approaching to understanding .It is so that in a same scene the thematic reason puts into conflict  youth sexuality and pedophilia, under the eaves of King Christ of the Christ worshippers. Or the way in which the borders¨conflict links with narcotraffic, prostitution and illegality in the North of Chile.

[1]  SARDUY, S.: “Ensayos generales sobre el Barroco”, México – Buenos Aires, 1987, p.209.

[1]  KRISTEVA, J.,: Semiótica 1, Madrid, 1981 2ª ed.

Andrea Aguad Ch.

  • diciembre 13, 2017
  • 12:00 - 14:00