Cromática de Tania Candiani

Desde la presunción positivista de la existencia de un sistema de conocimiento completo y verdadero hasta los modelos de orden cartesiano que sólo permitían lecturas en una dirección determinada, la mayoría de los modelos de ordenación epistemológica reflejan una obsesión por la direccionalidad que resulta un tanto contradictoria cuanto más cantidad y variedad de estudio pretende abarcarse.

Partiendo de la búsqueda de otros modos de articular el pensamiento, Tania Candiani desarrolla un proyecto específico para el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, región conocida por la preservación de diversas tradiciones artesanales, que la artista toma como punto de partida para establecer diferentes relaciones y modelos organizativos de asociaciones sensoriales.

Tradiciones ancestrales como los textiles o la cerámica están presentes en el proyecto, pero serán especialmente tres colores los que se toman como punto de partida y que a su vez nos contactan con los tres grandes reinos de la naturaleza: el animal, proveniente del rojo que se cultiva por medio de la grana cochinilla, el reino vegetal del azul añil y los pigmentos minerales que se utilizan para la realización del amarillo. Estos tres ejes irán desplegando todo un abanico de disciplinas a partir de  puentes de conexión que establecen correspondencias entre tecnologías, entendimiento y pensamiento a través de una compleja trama de nodos que forman redes simbólicas de estructura rizomática.

El rescate de este tipo de tradiciones es importante como vehículo de preservación de la memoria. Por otro lado, en un plano neurológico, las asociaciones que producimos en nuestro cerebro no funcionan de manera lineal, sino que suelen ser más personales, ocultas o basadas en sensaciones que mutan y se fusionan unas con otras. De este modo, el telón de fondo consiste en aplicar la arqueología del conocimiento al desarrollo de una exposición donde se cuestionan las lógicas curatoriales al uso y los cruces entre materias dispares que nos hablan de otros vínculos posibles en la gestión del saber y de la memoria.

La muestra se desarrolla a lo largo de diez salas y un patio que permite al paseante descubrir una de las instalaciones desde el exterior, una mirada abierta desde la calle principal. Las salas se distribuyen en base a los tres colores mencionados, encontrándonos así un par de recintos dedicados exclusivamente al rojo y al azul respectivamente, así como un gran espacio para el amarillo, reservándose las restantes al desarrollo de los conceptos generales planteados a partir de los tres colores en conjunto.

Al comenzar el recorrido el público encontrará una sala que ilustra el planteamiento general a partir de un gráfico que esquematiza el ordenamiento propuesto y donde en un gran telar de tres metros un tejedor de Teotitlán del Valle irá tejiendo un tapiz de dicho bosquejo durante el tiempo en que la exhibición permanece abierta.

El siguiente espacio se centra en la música y la sinestesia, dos de los conceptos principales que desarrolla la investigación. Continuando el análisis de la correlación entre estas dos ideas, varias obras giran alrededor de una pieza clave dentro del proyecto: un telar transformado en instrumento musical.

De aquí pasamos a las salas rojas, donde convive un corpus de obra que va desde bordados sobre la recolección de grana cochinilla, basados en las ilustraciones del libro de José Antonio Alzate de 1794 “Beneficio de la grana cochinilla”, pasando por el vídeo, la escultura o la instalación. Estas salas también nos permiten divisar desde sus ventanas la instalación del patio de paredes rojas, constituida a partir de mesas de nopal con la propia grana desde su nacimiento y en diferentes estados del crecimiento.

Las salas azules también mostrarán parte del procedimiento de realización del azul añil a partir de la esculturización de las pilas utilizadas para su producción y de una urdidora, que se acompañan de madejas en diferentes variaciones de azules colgadas de ramas talladas con forma de perchero, comúnmente conocidas como garabatos.

La relación de los pigmentos minerales con el sonido es la esencia de la sala amarilla, a partir de una pieza sonora con ocarinas de cerámica de hasta dieciséis matices de amarillos, con forma de pájaros de diferentes tamaños que determinan los diferentes tonos resultantes.

El recorrido culmina en otras dos salas donde los tres colores están presentes en diferentes formas: de vídeos, de  recetas para fabricar los colores, o a través de frases bordadas – y acompañadas del bordador- un tanto insólitas como: “los pulpos se ponen rojos cuando se enojan”, “vemos las ranas verdes pero son amarillas” o “los gatos blancos de ojos azules son sordos “. En cierto modo aquí nos damos cuenta de que éste podría perfectamente ser el inicio de la exposición, ya que el recorrido funciona de manera bidireccional.

Las técnicas y las herramientas están presentes en todo momento: a partir de la instalación de metates donde se machaca la grana para producir el rojo, de las pilas para remar la planta del añil, las ollas de los tintoreros o las jícaras para los pigmentos amarillos. La mano del maestro de la tradición estará así doblemente presente.

Y es que uno de los puntos clave de la exhibición es la apropiación y reivindicación del proceso artesanal para  llevarlo al contexto de lo contemporáneo. Esta idea está exteriorizada no solamente a través de las obras sino también a partir del apartado performativo que se torna clave en el proyecto: algunos de los maestros artesanos ejecutarán su trabajo dentro del espacio expositivo, así como se desarrollarán diversas acciones de activación.

El objetivo general es, ante todo, crear una suerte de sistema de sistemas que introduce al espectador en un ambiente sensorial de transmisión de conocimiento y subjetividades que se plantea, simultáneamente, como mapa abierto a una interpretación personal y a múltiples canales de relectura y apertura de nuevos posibles.

  • diciembre 17, 2017
  • 12:00 - 14:00